Cuentos para la hora de dormir: El Niño de la Luna

El Niño de la Luna

Créditos: Taller Literario Fundación Pertenecer

Por las estrellas, la luna y los astros, mucho más arriba de nuestro cielo color azul, se encuentra el niño de la Luna. Un pequeño niño de cabellos rizados, ojos grandes y una hermosa sonrisa, que con grandes saltos va de un lugar a otro para ver si los niños duermen felices y contentos en sus casas, junto a sus familias, compañeros y amigos.

El niño de la Luna ayuda a los padres poniendo polvo mágico en sus manos para que, con suaves caricias en la frente de sus hijos, estos puedan viajar al espacio con calma, alegría y seguridad imaginando que están en una laguna de aguas calmadas.

Un viaje hacia el mágico mundo de los sueños, donde pueden hacer lo que quieran: ser reyes, reinas, magos, duendes, bomberos, príncipes, princesas, maestros, héroes y guerrero. Miles de historias que contar y con las que el niño de la Luna alimenta su imaginación y felicidad. El niño canta una melodía en los oídos de todos (aunque no le oigamos) para que, poco a poco, se vaya iniciando en el viaje hacia el mundo mágico del espacio. El niño de la Luna visita los cuartos de todos para saber si estamos durmiendo bien, y es capaz de contar hasta 300 hasta que todos los niños vayan cerrando los ojos y sueñen. 

Él vive feliz en un castillo antiguo de 5 pisos y con forma de dragón, pensando que todos los niños duermen en cómodas camas, con almohadas tan suaves como toda la nieve que pueda haber en el mundo. Con las ovejas, los animales favoritos del niño de la Luna, a veces corre y las acompaña por la inmensidad del espacio, saltando, jugando con cientos de ellas y contándolas una por una en su viaje de ida y vuelta a la tierra.

Se dice que todos los niños poseen una ovejita invisible en su cuarto, que da pequeñas risas al esconderse. Esos animalitos tienen alas y son muy dulces.

Durante sus juegos el niño de la Luna se detiene un momento para ver el cielo nocturno junto a sus ovejas de piel suave. Con su baile, llega hasta las montañas más altas, las aguas más cristalinas y los bosques más densos danzando por todas partes y vigilando hasta que los animales más grandes o más pequeños de la Tierra puedan descubrir sus sueños.

Cuando ya está muy cansado, uno de sus mejores amigos le acompaña para seguir bailando: un águila dorada (y tan grande como un avión) que pone al niño sobre su cabeza y emprende el vuelo hasta conseguir dormir al último de los niños. Tras conseguirlo, revisan que todas las lamparitas de cada casa y de cada mesita se apaguen, y así hasta que la noche se vuelve intensa y lista para descansar Lo último que hace el niño de la Luna antes de cerrar los ojos para el resto de la noche, es contar a las ovejas que saltan en el corral alegres y encantadas hasta que les llega el sueño…zzzz…